«SALTO A LA LIBERTAD»

PUBLICADO EN Sep 27, 2013

Estimados amigos y amigas:

Desde hace algún  tiempo insisto en mis diálogos con mis amigos en promover el logro de un salto a la libertad. Por cierto, para algunos de ellos, esta metáfora suena un poco  descabellada. ¿les sucede lo mismo a alguno de ustedes?

¿Por qué hablar de libertad ahora?

En realidad, a mi juicio, este tema lo abordamos pocas veces, quizá nunca. Pero cuando lo hacemos, el resultado es sorprendente: asumimos una visión más clara de nosotros mismos, de la vida, del futuro.

Jorge Lazo, chiclayano, condecorado como gran amauta del perú, distinguido maestro e investigador de la naturaleza humana, denominó al siglo pasado como “el siglo de la angustia”, para subrayar el escenario mundial dominado por los conflictos internacionales, por la violencia y delincuencia absorbiendo progresivamente a un sector de la juventud, por la situación de pobreza y extrema pobreza de un porcentaje significativo de la población mundial, entre otros indicadores sobresalientes.

Aunque apenas ha transcurrido una década del siglo XXI, las tendencias no son muy prometedoras respecto a cambios sustantivos en este proceso de desarrollo de los seres humanos. Basta escuchar algún noticiero nacional o internacional confiable, o, simplemente, ver nuestro entorno inmediato: las nuevas formas de “diversión” de adolescentes y jóvenes, los altos índices de drogadicción y prostitución en esos grupos humanos, la proliferación de las pandillas juveniles de varones y mujeres…  y, no podemos dejar de mencionar, el aumento de la tasa de suicidios a cualquier edad.

Necesitamos, con urgencia, revertir este estado de cosas, necesitamos un cambio de calidad de conductas, un cambio de calidad de vida.

Esta mañana, tan significativa para nosotros, permítanme compartir con ustedes algunas reflexiones respecto a la libertad, porque desde mi perspectiva de educador, todo el panorama descrito revela un estado de estancamiento del hombre en su proceso de desarrollo, en su ruta a la libertad.

Muchas personas no despegan, están atadas a un conjunto de prejuicios o a una percepción equivocada – en el mejor de los casos, muy limitada – de  su propia naturaleza. No es exagerado reconocer que esto es causado por una falta de conocimiento, por la ignorancia humana de su propia naturaleza.

Nuevamente, la necesidad del cambio es evidente; por ello, la habilidad más importante de hoy es aprender a aprender.

Pero, como plantea Toffler, “la gente no le tiene miedo al cambio, sino a la incertidumbre que genera el cambio“. Y, siguiendo a Morin, “una nueva conciencia empieza a surgir: el hombre, enfrentado a las incertidumbres por todos los lados, es arrastrado a una nueva aventura.

Y en realidad, enfrentamos incertidumbres de distinta naturaleza: incertidumbre racional, del conocimiento, pues hasta el mismo avance científico es impredecible a un largo plazo; enfrentamos incertidumbre psicológica, como puede comprobarse en ciertas conductas que surgen en seres humanos en diferentes partes del mundo, como por ejemplo, asesinos en serie y usando métodos inimaginables, que nadie pudo prever; en fin, enfrentamos una incertidumbre histórica: eventos inesperados que cambian la historia de la humanidad: naturales como grandes sismos que transforman la geografía física y la sociedad; o artificiales, como los ataques terroristas a escala mundial.

El mismo Toffler propuso a fines del siglo pasado que “los iletrados del siglo XXI no serán los que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y volver a aprender.”

¿Diez, veinte mil años de edad como seres pensantes? No importa cuánto tiempo, la gran pregunta es: cuánto hemos avanzado, cuánto nos hemos desarrollado. No cuánto hemos “progresado” materialmente, porque el progreso material no es indicador de desarrollo sino está asociado a la paz, al auténtico bienestar, a la satisfacción de cada persona.

¿Cuánto hemos aprendido?

Desde la antigüedad, grandes pensadores, como platón,  analizaron que el hombre que no aprende es como quienes vivieran en una caverna, atados a cadenas, donde sólo pueden percibir sombras de la realidad. Necesitan romper esas cadenas y salir de la caverna para conocer la realidad y tener una auténtica comprensión del mundo y de la vida humana. Fue una manera alegórica de explicar lo que su maestro Sócrates quería significar con su máxima “Conócete a ti mismo”.

Esta alegoría de Platon, sin duda, es aplicable hoy en muchos casos.

Si queremos ser libres, necesitamos dar un gran salto, un gran cambio. Cambio de actitud, primero. Humildad, para conocer nuestras limitaciones y grandes necesidades de conocimientos; ello nos hará sencillos y nos permitirá comprender mejor a los demás; nos permitirá afrontar y vencer el egoísmo, la envidia, los celos, los chismes, grandes cadenas que nos impiden ser nosotros mismos, que generan un estado de alerta permanente frente a las posibilidades de los demás. Son venenos que pueden mantenernos en estado de enfermedad psicosocial.

En la escuela estudiamos y aprendemos acerca de la naturaleza y de la sociedad, construimos descripciones y explicaciones teóricas respecto al origen, evolución y desarrollo de la naturaleza, sin embargo, ese aprendizaje no siempre se refleja en un respeto a la naturaleza, en una armonización con ella. Cabe la interrogante: ¿por qué?

En cuanto al estudio sobre la naturaleza humana, este resulta tan incipiente, que apenas hemos aprendido que es muy compleja, sin embargo, nos alejamos mucho de estudiar esa complejidad.

Analicemos con cuidado. Muchos de los actos que realizamos diariamente son voluntarios; es decir, conscientes; pero muchos otros son inconscientes. Por ejemplo, usamos incluso nuestra propia voluntad, pero sin darnos cuenta de ello; es decir, generalmente de manera inconsciente. Lo mismo sucede con el uso de la imaginación, de la inteligencia, del pensamiento. No nos damos cuenta que los usamos porque no los conocemos, no tenemos claro cómo funcionan, cómo desarrollarlos… qué desperdicio!!! Tenemos invalorables tesoros, pero no los usamos.

Esos tesoros: voluntad, imaginación, inteligencia, son en realidad grandes poderes que no los administramos, que no los gestionamos y que, por tanto, pueden pasar muchos años, tal vez toda la vida, y mantenerse intactos. Por tanto, es poco el conocimiento que alcanzamos de nosotros mismos, casi nada.

Seguimos atados… a la ignorancia, a un nivel de consciencia primitivo.

La humanidad vive un estado de aletargamiento. Es urgente despertarla! Para lograrlo, tenemos que empezar por nosotros mismos. El primer cambio debe darse en nosotros mismos. Aquel que tome plena consciencia de  esta necesidad y actúe voluntariamente habrá dado el gran salto a la libertad!

Los conocimientos que adquirimos o construimos en la escuela, en la universidad, o por nosotros mismos mediante el uso de la tecnología, constituyen una base fundamental para prepararnos.

Aquí un gran reto: recordemos que el avance de las ciencias ha implicado el gran desarrollo de las tecnologías en el proceso de información y comunicación:

La década de los 70 fue la de las grandes computadoras corporativas. La década de los 80 fue la de las pc. La década de los 90 fue la de la internet. En la actualidad hemos pasado ya de la era de las computadoras electrónicas a la de las computadoras cuánticas. Estos hechos han determinado el asombroso incremento de la velocidad de producción de información y conocimiento.

La radio llegó a 50 millones de usuarios en 38 años; la tv, en 13; la internet, en 4.

Desde el inicio de nuestra era, los conocimientos se duplicaron en 1750 años. A comienzos del siglo XXI se predijo que en nuestros días se duplicarían cada 4 años y que en el año 2020 lo harán cada 73 días. En realidad, percibimos que incluso tal estimación ha sido superada.

Obviamente, el avance de las tecnologías potencia el desarrollo del conocimiento científico. A ello se deben los grandes logros en medicina, en ingeniería, en cibernética, en robótica, en demótica y muchas otras ciencias nuevas.

Hay, indudablemente, mucho que conocer! Estamos en plena era del conocimiento. Pero hay un tipo de conocimiento que no está expresamente en los libros, que no se encuentra en la gran cantidad de información a la que accedemos, que no está en la internet. Es lo que, sobre esa base, tiene que ver con nosotros mismos, es nuestra consciencia de cómo y cuánto avanzamos. La consciencia de la necesidad de ser libres.

La libertad es  el valor esencial de la naturaleza  humana que se expresa en la  autenticidad de la persona. Sólo el hombre libre es auténticamente humano, la conquista y el ejercicio de la libertad son la verdadera razón de nuestra existencia.

Un gran salto a la libertad es posible, empecemos por conocer lo humano; es decir, por saber quiénes somos, dónde estamos, cómo estamos, a dónde vamos.

Hoy, la Universidad de Lambayeque celebra su tercer aniversario de funcionamiento. Hemos evocado los primeros momentos de su génesis, desde el sueño visionario de su fundador, Virgilio Acuña Peralta, hasta la concreción de un proceso que nos aproxima a graduar, el próximo año, la primera contribución al mundo de hombres y mujeres preparados para resolver los problemas de su profesión y para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida, al bienestar de las personas, al ejercicio de la libertad de la humanidad.

Hoy renovamos nuestra convicción de que la universidad es un proyecto trascendente. Va más allá de las fronteras geográficas, supera los límites del tiempo, rompe las cadenas de la ignorancia y las limitaciones al desarrollo personal y social, prepara las condiciones para dar el gran salto a la libertad; es decir a la realización plena del hombre.

Pero los procesos universitarios no son simples, ni fáciles; por el contrario, son complejos y, por tanto, difíciles. Sin embargo, para gestionarlos estamos debidamente preparados.

En los tres años transcurridos, hemos superado algunas dificultades. Con seguridad, en el marco de las incertidumbres a las que hemos hecho mención, aparecerán nuevas y quizás mayores dificultades, nuevos desafíos, pero todos ellos, sean de carácter social, económico, o de cualquier índole, constituyen solo circunstancias pasajeras –generalmente fugaces- que nos motivan e impulsan a avanzar, a renovar nuestras decisiones, nuestro compromiso, a buscar la sabiduría para llegar muy lejos, tan lejos como nuestra imaginación y la aplicación de la ciencia prospectiva nos permite; con un sentido ético humano, que nos exige contribuir a transformar la especie humana en una verdadera humanidad, aspirando a su progreso y  desarrollo, a su libertad.

Es esta la visión que sustenta nuestro slogan: Universidad de Lambayeque: sólida formación que te distingue.

Y todo esto es previsible porque hemos configurado un equipo humano altamente positivo: estudiantes, profesores, autoridades, entidad promotora, instituciones civiles, con las que hemos concretado importantes alianzas estratégicas, padres de familia. A todos ellos, feliz aniversario… y mi  eterna gratitud.

Muchas gracias.

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